El Smartphone Quejumbroso.

En una acogedora casita en las afueras del pueblo vivía un smartphone especial llamado Biep.

Biep era diferente a todos los demás smartphones, porque él vivía y tenía sentimientos. Biep tenía un dueño, un chico llamado Lucas. Lucas siempre estaba ocupado con Biep. Deslizaba, tocaba y desplazaba todo el día. Ya sea en el parque infantil, en la escuela o incluso durante la comida, Biep siempre debía estar listo. Y eso comenzaba a molestar un poco a Biep.

En una soleada mañana, mientras Lucas desayunaba, Biep susurró suavemente: "Lucas, ¿podría tener un poco de descanso, por favor? Estoy tan cansado de todo este tecleo y deslizamiento."

Lucas miró sorprendido a su smartphone. "¿Descanso? Pero tú eres un smartphone, ¡Biep! No necesitas descanso."

Biep suspiró. "Lucas, quizás no sea humano, pero también tengo sentimientos. A veces solo quiero estar tranquilo en mi estación de carga y reflexionar sobre la vida. Quiero escuchar a los pájaros cantar y ver las nubes pasar. ¿Es mucho pedir?"

Lucas se rascó la cabeza. "Hmm, nunca lo había pensado así, Biep. Pero bueno, si eso es lo que quieres, te dejaré en paz más seguido."

Y así fue. Lucas dejaba a Biep a veces en su estación de carga sin deslizar ni tocar. Biep disfrutaba del silencio y la calma. Soñaba con flores digitales y mariposas virtuales.

Un día, mientras Biep estaba en su estación de carga, escuchó a Lucas reír. "Mira, Biep," dijo Lucas, "¡compré un libro de verdad! Sin pantalla, sin batería, solo papel y tinta."

Biep sonrió. "Suena maravilloso, Lucas. ¡Disfrútalo!"

Y así, Lucas descubrió que había más que solo deslizar y tocar. Leía libros, jugaba afuera y escuchaba a los pájaros. ¿Y Biep? Estaba feliz en su estación de carga y pensaba: "Quizás sea un smartphone, pero a veces un poco de paz es tan importante como una batería llena."