Timmy y Su Coche Deportivo.

Timmy era una tortuga extremadamente lenta, tan desesperadamente lenta que siempre llegaba tarde a todas partes. Perdía el autobús, el tren, la película; en todas partes llegaba una hora o dos tarde. Su constante retraso lo llenaba de profunda tristeza y un sentimiento de soledad.

Sin embargo, Timmy tenía un profundo amor por los autos y soñaba con tener algún día un coche deportivo rápido. Nunca se dio por vencido. Con un esfuerzo incansable, trabajaba duro y ahorraba cada centavo que podía conseguir. Hacía pequeños trabajos para sus vecinos, vendía limonada y limpiaba el parque. Después de muchos años, finalmente había ahorrado lo suficiente para hacer realidad su sueño. Con determinación, se dirigió al concesionario de autos y compró un hermoso descapotable negro.

De repente, se convirtió en la tortuga más rápida del mundo. Podía ir a donde quisiera, adelantar a todos los demás autos, sentir el viento en su rostro. Nunca volvería a llegar tarde a ningún lugar. Siempre estaba a tiempo. Hizo muchos nuevos amigos y disfrutó mucho. Era la tortuga más feliz que había existido.

Un día, se encontró con un cartel de una carrera de coches. Decidido a probar su velocidad, decidió participar. Se inscribió y se dirigió a la línea de salida. Había todo tipo de otros autos rápidos, lo que lo ponía un poco nervioso pero principalmente emocionado.

La carrera comenzó y Timmy aceleró a fondo. Condujo tan rápido como pudo y dejó atrás a todos los demás autos. Fue el primero en cruzar la línea de meta y ganó la carrera. Los aplausos del público llenaron el aire, y todos lo felicitaron. Orgulloso, miró su auto y a sí mismo.

En ese momento se dio cuenta de que había hecho realidad su sueño. Ya no era la tortuga lenta, sino la más rápida del mundo. Tenía todo lo que deseaba: un coche deportivo rápido, innumerables amigos y una gran cantidad de diversión. Era la tortuga más feliz que jamás había vivido. Y así vivió durante más de cien años, como una tortuga feliz.